Cuando la novela predijo mi vida: cómo me hice medievalista
Q uizás haya autores que llegan a la fantasía desde la academia. Ese parece haber sido el camino de Tolkien, por ejemplo. Desde niño aficionado a las lenguas antiguas, filólogo luego, enamorado del Beowulf —cantar medieval en old English — y profesor de Oxford, su literatura nace de su amplia erudición. Otros, muchos, parten desde las huellas de este gigante. Quizá lo han estudiado en la Universidad, han leído sobre los Inklings y la fantasía contemporánea y se han lanzado a emular su afición creativa. O quizás simplemente se enamoraron de las historias que ellos contaban: Narnia , El Señor de los Anillos , El Silmarillion . Escriben, entonces, desde la imitación y desde el imaginario contemporáneo sobre la Edad Media, que oscila entre los tonos negros del oscurantismo y los dorados del romanticismo. Mi camino fue distinto. A los catorce años comencé un proyecto de fantasía medieval, sin saber gran cosa de la Edad Media real, y sin intuir todavía que en el futuro llegaría a ser...